¿España sin Cataluña? por Joan Tapia

PRÓLOGO DEL LIBRO

Fue un viernes de julio cuando, al salir del mar en Port de la Selva, me encontré una llamada perdida de Ramon Perelló. Le devolví la llamada, y al hacerlo me propuso escribir un dietario personal de lo que iba a pasar en Cataluña entre el 11 de septiembre y el 9 de noviembre. La idea me atrajo —no sabía entonces lo engorroso y arriesgado que es tomar notas y hacer juicios cada día— y le propuse tomarme un tiempo para pensarlo. Dijo que me llamaría al cabo de una hora. Lo hizo y acepté. Faltaban quince días para la famosa confesión de Jordi Pujol, que, aunque no se vea en el día a día, creo que está teniendo efectos de fondo sobre la política catalana.
Llevaba tiempo pensando en escribir un libro sobre lo que pasaba en Cataluña desde la llegada al poder del tripartito a finales de 2003, que confirmó aquello —inédito todavía entonces en Cataluña— de que democracia es alternancia. Pero el trabajo diario y el ritmo frenético de la política catalana impedían escribir una historia porque nunca había desenlace claro. El cambio era tan acelerado que hacía saltar por los aires cualquier esquema. En cambio, un dietario podía permitir reflexionar sobre lo sucedido en un día concreto y relacionarlo con la historia reciente, punto. Era una forma de poner en perspectiva los acontecimientos inmediatos.
Decidí dos cosas. Primera, escribir por la noche o al día siguiente siempre que fuera posible y no tocar lo escrito a posteriori. Tenía sus riesgos, pero los errores —que los hay— pueden ayudan a entender el proceso. Segunda, no ceñirme a Cataluña sino seguir también algo los asuntos que me interesan más, como la política española, la europea y la economía. La política española porque es evidente que tiene gran influencia sobre lo que pasa en Cataluña. El choque entre Artur Mas y Mariano Rajoy y la quiebra de la relación de Pasqual Maragall (y luego de José Montilla) con José Luis Rodríguez Zapatero son tanto política catalana como política española. No se pueden separar. Además, el último trimestre de la política española ha sido sorprendente. Rajoy, que logró superar el escándalo de Luis Bárcenas (SMS incluidos) cuando la economía caía y se destruían muchos puestos de trabajo en el verano de 2013, se ha visto acorralado en el otoño de 2014 no sólo por la crisis con Cataluña sino también por una serie de escándalos —las tarjetas opacas de Caja Madrid y Bankia entre ellos— y por un exceso de falta de resolución, pese a que la economía está creciendo ya a un ritmo anual del 1,6%, se crea empleo y la prima de riesgo, que superó los seiscientos puntos básicos en 2012, está ahora algo por encima de los cien.

La irrupción de Podemos en las elecciones europeas —y en las encuestas posteriores— indica que la política española se remueve. Y que arrastra a la catalana, porque los de Podemos, sin líderes conocidos aquí y sólo con el rostro visible de Pablo Iglesias, tienen una estimación de voto en las encuestas que a veces les sitúan como la tercera fuerza del Parlament. Curioso en una Cataluña en la que algunos —con mucho prestigio en muchos medios— predican que la independencia es inmediata y que sólo falta un poco de valentía.
Pero lo que está pasando en Cataluña tiene también bastante que ver con la economía y con el voto de protesta —se vio en las elecciones europeas de mayo—, que ha generado una evolución económica recesiva o de muy bajo crecimiento.

Y este cambio de expectativas y la eclosión subsecuente de la protesta pueden tener mayores efectos en España y Cataluña, acostumbradas a un crecimiento económico casi continuo desde el plan de estabilización de 1959 y a cierto Estado de bienestar desde la llegada de la democracia, y especialmente desde la victoria de Felipe González en 1982.
Lo cierto es que ni Zapatero en 2010 ni Rajoy en 2012 han explicado a fondo las razones de fondo (perdón por la redundancia) de una política económica que —salvo entrar en el territorio desconocido de la salida del euro— tenía pocas alternativas. Las políticas keynesianas pueden ser adecuadas, pero cuando el mercado no quiere financiar tu deuda —es decir, no te presta para afrontar todos los fines de mes— y sólo consigues mantenerte a flote por la ayuda moral y material de las instituciones europeas (que necesitan la garantía alemana), el margen que tienes es muy reducido.

No es el momento de profundizar en estos asuntos, sino de explicar por qué en un dietario sobre Cataluña hay referencias a la evolución política europea —España ha cedido ya a Europa mucha soberanía— y a la marcha de la economía.
Es un dietario sobre la crisis de la relación entre Cataluña y España e intento explicar mis posiciones sobre el tema, pero es también un dietario sobre la lucha por la hegemonía dentro del independentismo entre Artur Mas y Oriol Junqueras que tiene un punto de inflexión en la reunión del 7 de agosto en la que Junqueras sacó la conclusión —acertada o equivocada es otra cosa— de que Artur Mas, temiendo que la consulta era inviable, quería forzar la lista única con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).
Hay también notas sobre el intento de Pedro Sánchez, un desconocido recién llegado, y de Miquel Iceta, un veterano del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), por reconstruir el espacio socialista. No lo tienen fácil, porque tanto cuando el fracaso del Estatuto con la sentencia de julio de 2010 como con el giro de la política económica de mayo de 2010 tenían el con la contundencia y la transparencia necesarias para tener credibilidad. Y trato también de las dificultades de una derecha española que recupera el poder tras ocho años de martirio (ellos en la oposición y Zapatero gobernando), se tiene que enfrentar a un panorama mucho más duro que el de mediados de los noventa, y quiere hacer política como entonces. Rajoy tiene más mayoría absoluta que Aznar, pero los tiempos han cambiado mucho.
En el libro hay citas y comentarios sobre lo que creo que piensan algunos políticos catalanes y españoles. Estaré satisfecho si he acertado al interpretar algunas de sus actuaciones y, en caso contrario, pido disculpas. La responsabilidad es mía. Espero que este dietario les pueda ser de alguna utilidad para entender un poco el difícil momento que estamos viviendo.

Barcelona, enero de 2015