DIÁLOGO, REFORMA Y RESPETO AL MARCO LEGAL Por una solución negociada, la única posible

Desde su fundación, hace ya sesenta años, el Círculo de Economía ha defendido el diálogo, la reforma y el respeto al marco legal, como único procedimiento para el progreso social, político y económico.

Éste ha sido, también, el criterio con el que nos hemos aproximado, en diversas tomas de posición, al conflicto político abierto en Catalunya. A lo largo de estos años, hemos reclamado a las partes una negociación con vocación transaccional, más allá de la retórica, a menudo vacua, del diálogo, pues sólo asumiendo logros y renuncias mutuas es posible alcanzar un acuerdo estable. Además, en Noviembre de 2015, y ante la declaración entonces aprobada por el Parlament de Catalunya, emitimos la Opinión Corregir el rumbo de la política catalana, en la que expresábamos nuestra preocupación por lo que suponía de quiebra de la legalidad vigente.

Lamentablemente, tras más de un lustro, no se ha producido el menor avance en la resolución del conflicto, ni tan siquiera en su encauzamiento. El diálogo es inexistente y, nuevamente, la alternativa de situarnos al margen de la legalidad emerge con fuerza. Por ello, creemos necesario volver a insistir en lo manifestado en anteriores Opiniones, si bien con un aún mayor énfasis dado que se acentúa el deterioro de nuestra vida institucional y, de no evitarlo, acarreará consecuencias para nuestro bienestar social y económico. Así, desde el máximo respeto a la función política pero, a su vez, desde la exigencia a quienes la ejercen, reclamamos:

Respeto al marco legal.- Nada es democrático si se vulnera el principio fundamental de cumplimiento de la legalidad, esencial para ordenar la convivencia en cualquier país avanzado. De la misma manera, no puede convertirse en norma el poner en duda la actuación de la Administración de Justicia.

Diálogo y reforma.- Resulta indiscutible que el llamado conflicto catalán es de naturaleza política y que, lógicamente, su resolución sólo se alcanzará desde la política. Hallar las salidas requerirá tiempo, como corresponde a un problema de esta magnitud, pero éstas sólo resultarán posibles si se aborda la negociación con una visión clara, completa y honesta de las consecuencias que, en todos los ámbitos, conlleven las propuestas que cada parte formule.

Por otra parte, es necesario señalar que, sin restarle trascendencia, éste no es el único, ni tan siquiera el más grave, de los problemas que nos amenazan. El estable mundo occidental de ayer corre el riesgo de adentrarse en escenarios imprevisibles, y no precisamente mejores. El año y medio transcurrido desde nuestra Opinión antes mencionada, nos ha sorprendido con acontecimientos políticos inesperados, que confirman la enorme gravedad del momento. Nuestros marcos de convivencia y la, aún, incipiente y frágil recuperación económica, pueden verse seriamente alterados de no reconducir ese arraigado malestar social que se extiende por toda Europa. Responder a ese malestar y consolidar la recuperación ha de ser, pues, la primera prioridad de gobiernos y ciudadanos.

Por todo ello debemos evitar que la actual dinámica pueda prolongarse. Un período de ya varios años, sin avance alguno y sin que la paridad de fuerzas se decante de uno u otro lado, es la muestra indiscutible de que el simple paso del tiempo no acabará por solucionar el conflicto. Por contra, el conjunto de España debe asumir que la denominada cuestión catalana es, también, su problema y, por tanto, comprometerse activamente en su resolución. Y, desde Catalunya, no se puede renunciar a elaborar una propuesta de contenidos que, sin rupturas, pueda responder a la aspiración por un mayor y mejor autogobierno.

Pese al cansancio acumulado, la creciente radicalización, y la sensación de hallarnos en un callejón sin salida, estamos convencidos de que pueden darse las bases para una negociación, prolongada y compleja, que pueda conducir a una reforma aceptada por un clara mayoría ciudadana. Los tiempos lo exigen, y el Círculo de Economía seguirá poniendo en ello todo su empeño.

Barcelona, marzo de 2017