El Círculo Opina: La responsabilidad del empresariado catalán

Catalunya se halla en un momento determinante para definir su futuro económico. Un futuro que dependerá de su discurso político, de su acción pública y, no menos importante, de la actitud de sus empresarios.

El empresariado catalán lideró la industrialización española, se desarrolló sólidamente en el marco de una España cerrada al exterior, y supo aprovechar su incorporación a la CEE en 1986. Una entrada en Europa que le sirvió para consolidar un amplio grupo de empresas familiares. Sin embargo, parece desorientado ante la globalización económica.

Desde hace una década, se han oído voces preocupadas por el futuro económico de Catalunya. Se hablaba de una sociedad acomodada, donde se vivía cada vez mejor, pero donde se iba perdiendo el pulso y el liderazgo económico. Durante años, esta visión ha convivido con su opuesta. Una visión optimista fundamentada en la favorable evolución del PIB por habitante, o el crecimiento sostenido de la capacidad exportadora. Unos argumentos a los que se ha añadido el de la inversión pública vinculada al nuevo Estatut.

Ciertamente, los datos sobre crecimiento del PIB y apertura exterior de Catalunya muestran una economía muy dinámica y abierta al exterior, en una España que también ha mantenido, en general, unas tasas de crecimiento envidiables.

Sin embargo, en la última década, España parece haber desacelerado su proceso de convergencia con el núcleo de países más desarrollados de la UE. Algo que se observa, igualmente, en el caso de Catalunya. Entre 1999 y 2006, el PIB per cápita español ha recortado un 9% su distancia real con el PIB per cápita de la Zona Euro. En el caso de Catalunya, se ha recortado la diferencia un 5% en igual período. Porcentajes inferiores a los de algunas etapas anteriores.

Pero, al margen de la valoración de estas dinámicas históricas, el principal motivo de preocupación lo constituye la certeza de que, a medio plazo, la falta de ambición y liderazgo económico acaba reflejándose en el PIB y, en consecuencia, en el bienestar de los ciudadanos.

Por ello nos hallamos en una situación crucial: la de decidir si definitivamente nos incorporamos a las dinámicas que exige una economía globalizada, o bien se consolida una inercia que nos coloca en la periferia del poder económico. Pues, aún aceptando los aspectos más positivos de la situación actual, es obvio que en Catalunya es notable la pérdida de pulso económico.

Una pérdida que tiene su reflejo en la falta de nuevas iniciativas empresariales de envergadura; en la escasa incidencia del empresariado catalán en los mecanismos de poder económico español; o en el reducido número de grandes sedes corporativas. Unas sedes a las que, en el marco de la economía global, les corresponde un indiscutible liderazgo.

Este papel de liderazgo, en la España autárquica e incluso en la Europa de los 15 lo podían desempeñar las empresas familiares tradicionales, pero ya no resulta posible en la Europa de los 27 y en un mundo crecientemente integrado.

Dada la trascendencia de la cuestión, el Círculo de Economía quiere aportar su visión y propuestas, desde el convencimiento de que Catalunya puede y debe consolidarse como la gran región económica de España, con una especial proyección hacia Europa y América Latina.

ACCIÓN POLÍTICA Y PROGRESO ECONÓMICO

EN CATALUNYA

Hay una tendencia muy extendida en achacar todos los posibles males a los poderes públicos. Unos imputan toda la responsabilidad a un Estado extremadamente centralista que no duda en penalizar a Catalunya. Otros consideran que el problema es genuinamente catalán, al hallarnos inmersos en unos debates y prioridades de carácter identitario que no hacen sino perjudicar el desarrollo empresarial y, además, nos conducen a un continuo enfrentamiento con el conjunto de España.

El Círculo ha lamentado reiteradamente las actitudes de enfrentamiento y desconfianza alimentadas desde posiciones políticas extremas, que contaminan la vida pública. Así lo hizo, concretamente, en los documentos El papel del Estado en el mantenimiento del equilibrio económico territorial en España (octubre de 2001), y Por un Estatut realista, funcional y adaptado a la Constitución (diciembre de 2005)

Sin duda, la política es muy responsable del clima anímico que hoy se vive en Catalunya. Lamentablemente, demasiado a menudo, nos encontramos con unas posiciones antagónicas que, electoralmente, se refuerzan mutuamente, favoreciendo un perjudicial enfrentamiento entre España y Catalunya, que debería ser perfectamente evitable.

Pero no corresponde seguir responsabilizando de todos los males solo a la política. La sociedad civil, el empresariado catalán, tiene sus responsabilidades, y nos corresponde comenzar a asumirlas.

Dejando aparte las responsabilidades políticas, que las hay y son muchas, la presente Opinión de Actualidad se centra básicamente en aquellas carencias que se han venido manifestando en el ámbito de las actitudes empresariales en Catalunya.

VIRTUDES Y CARENCIAS DEL EMPRESARIADO CATALÁN

Resulta obvio que el empresariado catalán no ha sabido agruparse ni apostar fuertemente en momentos en los que podía y debía hacerlo. Podemos hallar ejemplos paradigmáticos de ello en diversos sectores.

En el ámbito de las constructoras, pues hace pocos años en Catalunya se hallaban las sedes operativas de algunas constructoras líderes en España. Un sector que ha jugado un papel fundamental en la conformación de grandes multinacionales españolas. En lo acontecido con las nuevas corporaciones de las TIC, donde no sólo el capital catalán se halla ausente de su accionariado, sino que ni tan siquiera hemos sido capaces de presentarnos a los concursos convocados para otorgar las licencias de los nuevos operadores de telecomunicaciones. En la energía, cuando se tuvo la oportunidad de adquirir FECSA antes de que fuera absorbida, en situación cercana a la quiebra, por ENDESA. O en el caso del sector textil, donde las grandes compañías tradicionales, respaldadas por importantes patrimonios familiares, no han conseguido posicionarse en el mundo global y sí lo han hecho, de manera notable, personas recientemente incorporadas al tejido empresarial catalán.

Ante esta dinámica, no hemos sido capaces de aplicarnos la suficiente dosis de autocrítica para analizar qué está sucediendo y cuáles son las razones. Y qué puede hacerse desde el empresariado. Nos hemos limitado a lamentarnos y a criticar y responsabilizar a los partidos políticos y gobiernos de turno.

Quizás ocurra que los valores y actitudes con que se pudieron consolidar grupos empresariales, desde la industrialización hasta finales del siglo XX, no bastan en el mundo actual. A lo largo de muchos años se ha ido conformando un paradigma catalán, con unas características que le han permitido afianzar su posición empresarial. Unas características que fueron virtudes durante décadas o, incluso, siglos pero, que de perpetuarse y no adaptarse al mundo global de este siglo XXI, se convierten en frenos al desarrollo.

Podemos referirnos, así, a cinco rasgos determinantes como: el seny, que debemos preservar entendido como prudencia pero no como temor; el individualismo o compromiso excesivamente personal con los proyectos empresariales; el control radical del riesgo; el prioritario compromiso familiar; o la apuesta por una estabilidad que puede convertirse en inmovilismo.

LA NECESARIA APUESTA DE FUTURO DEL EMPRESARIO

CATALÁN

No caben pesimismos. Sí autocrítica, pues si somos capaces de ser autocríticos, no haremos sino reforzar las posibilidades de Catalunya para consolidarse en este entorno global de inicios de siglo XXI. No podemos obviar que, junto al crecimiento económico y al grado de apertura de nuestra economía, hallamos aspectos muy positivos que invitan al optimismo.

Se puede destacar la tradición emprendedora; el entramado de universidades y escuelas de negocio de primer orden; el posicionamiento geográfico que se reforzará especialmente con las infraestructuras en marcha; el modelo de convivencia de nuestras ciudades y la capacidad de atracción de Barcelona; el tejido de empresas familiares reconocidas internacionalmente en sus ámbitos; un sector financiero propio, sólido y comprometido; lo que representa una España con presencia en el mundo y cuyo idioma es la segunda lengua del espacio occidental; la riqueza productiva acumulada; y una nueva generación que está empezando a asumir responsabilidades con una lectura de la empresa más acorde a las exigencias de este nuevo siglo.

Prueba de todo ello es la existencia de algunas iniciativas empresariales de liderazgo internacional, así como los excelentes resultados alcanzados fruto de determinadas colaboraciones público-privadas bien diseñadas.

Pero, para verdaderamente aprovechar estos activos indiscutibles, es necesario aceptar que el empresariado catalán, en general, no ha sido capaz de liderar nuevos proyectos, ni tan siquiera de mantener algunos de los que, con sede operativa en Catalunya, representaban centros de poder económico más allá de nuestro territorio.

Para dar respuesta al por qué de estas carencias, en ocasiones se argumenta que el empresariado actual carece de la capacidad y ambición de sus antecesores. Creemos que no es cierto. No se observan características diferenciales en la personalidad de la actual generación con respecto a las que le precedieron. Es en el ámbito de la economía mundial donde se ha producido la gran transformación.

Hoy, el mundo global requiere proyectos de tal envergadura que ya no se pueden acometer individualmente, con recursos propios, sin endeudarse, con muy pocos riesgos y con temor al cambio y a la innovación. El mundo ha cambiado y es a nosotros a quien corresponde adecuarse.

A modo de conclusión proponemos:

  • Arriesgar más, sin perder el seny pero adaptándolo a las exigencias actuales. Un mayor riesgo no resulta peligroso si va asociado a un mejor estudio y gestión de los proyectos. Lo mismo ocurre, en concreto, con un mayor endeudamiento siempre que esa deuda forme parte de un inversión bien estudiada.
  • Todo lo señalado será más sencillo si somos capaces de abandonar el individualismo cuando haga falta, aunando esfuerzos para reunir los grandes capitales que hoy requieren los proyectos importantes. Ello exige desarrollar nuestra capacidad de asociarnos en nuevos proyectos.
  • Esta dinámica de un mayor riesgo y una superior capacidad para asociarnos, nos conducirá a aceptar, aún más, que se debe priorizar la empresa por delante de los intereses inmediatos del accionista, con una política de dividendos que consolide, en todo momento, el proyecto empresarial y, en consecuencia, los dividendos a largo plazo.
  • Liderar con ambición los cambios que el mercado requiere, y no conformarse con “no tocar lo que ya va bien”. La indispensable apuesta por la innovación e internacionalización exige asumir el cambio. En la economía global ninguna posición empresarial positiva es estable y duradera “per se”.
  • Si avanzamos en esta línea, resultará más fácil aplicar los criterios de gestión que exige el entorno global, que todos aceptamos y que se vienen reclamando insistentemente desde los ámbitos públicos y privados, avanzando decididamente en la profesionalización de la empresa, sabiendo diferenciar el gobierno, que corresponde a la propiedad, de la gestión, que debe realizar el mejor profesional, pertenezca o no a la familia propietaria.

Noviembre 2007