Vídeo de la sesión “Odalisque à la culotte rouge” d’Henri Matisse

Hablar de Matisse y sus “Odaliscas” es la coartada de la que disfruta Raffaele Pinto, profesor asociado extranjero de Filología Italiana en la UB, para hablar de Heidegger y los estructuralistas, de Proust y Freud -que afirmaba que poetas y artistas intuían las verdades que el psicoanálisis demostraría científicamente-, de Nana y Zola. Y de Picasso, claro. Picasso no pinta un burdel, pinta las fantasías que de un burdel tiene la gente que mira su cuadro. Él y Matisse ponen un espejo delante del espectador, un espectador al que Matisse ofrece el cuerpo femenino como punto central de toda su obra, un aspecto este que se desarrolla a lo largo de su carrera y que, en el caso de las “Odaliscas”, es menos escandaloso para la mentalidad de la época en tanto que se proyecta en un espacio exótico. Modernidad, representación y humanismo. La modernidad que se vincula con la posibilidad de dar al mundo una imagen. La poesía y la pintura que se han vuelto marginales en nuestro imaginario, con la transformación radical de nuestra experiencia que esto significa. El hecho incontestable, persistente a lo largo de todo el siglo XX, el siglo de Matisse y Picasso, pero también, todavía hoy, en lo que llevamos de siglo XXI, de que sin subversión no hay arte.